
Cine en los sótanos es un poemario menos furioso que los poemarios anteriores. Luego les explico porqué lo pienso. A pesar de esto, reconozco a Alfredo con su voz poderosa, filosa y masculina. No es una voz arrepentida, o resignada. Todavía le importa la fidelidad a los amigos, la camaradería escasa de permanecer en las buenas y en las malas. También le importan las mujeres, aquellas que son anti-heroínas, las femmes fatales ficticias y reales. A Alfredo le importa conjugar al trabajo desde la muerte o al revés. Una cosa es consecuencia de la otra. Recurre de nuevo a los oficios inútiles, al éxito, a la derrota, a todo lo que nos es fatal. Sus poemas se escriben con un mismo estado de ánimo que tiene diferentes nombres. Decir derrota y éxito. Cine en los sótanos es la victoria desde un hoyo negro.
En el primer capítulo, Alfredo prepara el terreno cinematográfico. Todo acá es escenario y es íntimo. Sus referencias fílmicas más adelante serán irrenunciables. Pero por ahora, son breves, tangentes. Estos poemas valientes que empiezan el libro son también tiernos desde la dureza y duros desde lo rebelde. Son poemas ilícitos, sin grandes expectativas, son mis favoritos. La mayoría, construidos desde una continuidad natural: Alfredo es sólido y extenso. En otros alguien intenta recordar y recuerda por fracciones. Esas asociaciones no son para él una divagación, sino más bien la lucidez de quien reconoce su estado. Un amigo en común, Bértold Salas, anotó tres cosas que las traspaso aquí: poeta urbano, melodramático, espectacular.
Capítulo segundo. Aquí hay de todo. Entramos a otro mundo, como decía Chaplin sobre entrar al cine a ver una película. Éste es el escondite. Son 11 películas deliberadas y descaradas las que conforman esta especie de manual. Cada poema se relaciona con la película que le corresponde de distintas maneras, algunos siguen siendo tangente, otros son el eco de un argumento, o el espejo de quien la ve, una posible escena que no se filmó o una escena tal cual, unos son herméticos en su contexto. Para aclarar, parte del juego va encaminado a adivinar estas relaciones, aunque esto no es todo ni es lo primordial.
El último capítulo se titula film noir. El cine negro generalmente pone en escena a un personaje prisionero de situaciones que no derivan necesariamente de él sino de decisiones desesperadas. El film noir es pesimista por esencia. Sus escenas son sobretodo nocturnas y sus personajes son complejos y ambiguos. No cabe duda de que este poemario es como el cine negro: igual de pesimista, derrotado, pero orgulloso. La derrota es el triunfo y el infortunio parece que da risa. Qué es lo que se necesita para sobrellevar el mundo? Nada. O lo mínimo. Veamos películas, veamos buenas películas. Una película donde lo que ocurre es ficción y es mentira, es la realidad, la cotidianidad reflejada de cómo nos enfrentamos a la desolación, a nuestra vida, la de cualquiera. Ese es el objetivo del cine y de Alfredo.
Su pesimismo también es existencial: cómo permanezco? cómo hacerlo a pesar de estas condiciones, a pesar de todo? importa o no? Habla de lo que nos es negado, rotundamente y sin oportunidad. Su respuesta, la de Alfredo, será pesimista pero es sólida y es triunfante, su rebeldía no es frágil ni abrupta, es sólo su respuesta. Es el ver hacia arriba aunque se obtenga nada.
Y acá hago un gran paréntesis. Cada vez que leo la palabra dios en sus poemas, me clava esa imagen, alguien viendo hacia arriba, ya sea para reírse, para pedir, para enojarse, para hacer una mueca. Nunca es dios desde dios, sino dios desde abajo, y con la boca abierta. Lo menciona, lo maldice, pero no le cree deliberadamente. El poema no cree en nada, dios es una explicación para la desgracia, dios no diferencia los buenos de los malos. Ese dios del que habla no es omnipresente u omnipotente. Es un cínico. No ofrece milagros. Es un dios que falla.
En este libro siempre se hace tarde, se hace de noche. Es un libro que azota puertas, que habla del dolor y no de las películas. Sólo nos propone ir a las películas como excusa. Dije menos furioso al inicio porque nos pospone a un espacio temporal que está fuera del libro pero que hay que ir a buscar. Es más en serio, porque Alfredo no exagera en el desafecto. Entre más escribe más le pone un punto final a su arte, arte como decir suerte. Es todo o nada. Su masculinidad, la del poemario, es elegante, respetuosa y digna. Hay fatalidad, malas señales, malos tiempos, lugares de mala muerte, pero aún así parece que se ríe, parece que no es tan grave, es lo que es, y decirlo podría ser un oficio inútil. Aunque yo no le encuentro ninguna inutilidad a todo esto.
Silvia P.